Historia

Una noche no podía dormir. Me pasaba mucho últimamente. En ese momento mi cabeza empezó a pensar en cómo podría hacerme mis propios anillos sin usar metales (tengo EM y el médico me había recomendado evitarlos). Me levanté inquieta y con la cabeza a mil. Sentí la necesidad de hacer cosas con las manos. Recordé que tenía una pastilla de un material que nunca llegué a usar mientras estudiaba Diseño Industrial. Lo encontré en mi cajón de herramientas de casa y me fui a la cocina mientras leía las instrucciones de esa cerámica polimérica nueva para mí. Su textura similar a la plastilina me pareció ¡divertidísima! Comencé a ha realizar anillos de lo más deformes que había visto nunca, los tenía que hacer rápido y con crema de manos porque al tener diez años el material estaba tan seco q si lo tocaba demasiado se agrietada… Jajajaja.

Estuve haciendo formas sin pensarlas ni juzgarlas, simplemente disfrutando de masajear el material entre mis manos y amasando sobre la encimera como si de masa de pan se tratara. Para cuando quise darme cuenta ¡tenía una bandeja llena de formas diferentes! Impaciente las metí al horno y esperé … ¡ Qué gran sorpresa verlas al salir !

Me enamoré de todas ellas. Al sacarlas sentí como si fuera la primera vez que las observaba y hubieran sido modeladas por otra persona. Entonces me di cuenta de que había estado tan entretenida jugando con el material que no había sido consciente de valores estéticos que suelen salir de mi cabecita cuando hago un proyecto de diseño.

Me probé los anillos aún calientes, de la impaciencia casi me quemo, jajaja. ¡En la mano aún eran más divertidos con sus deformaciones!

Me fui feliz a trabajar al día siguiente llevando una cajita con las joyas que había cocinado, como si tuviera ocho años. Quería compartirlos con todas mis amigas. Se los enseñé a Mónica Rodríguez Limia (de Empesas Creasoras que como muchas ya sabréis, se dedica a ayudar a personas que empiezan con proyectos artesanales). El caso es que me daba vergüencilla mostrarlos… Y cuando los vio además de darme el visto bueno, me animó a que lo convirtiera en un proyecto con cara y ojos. Me asesoró con sus talleres para poner en marcha la marca y así gracias a ella hoy puedo compartir contigo mi historia 😉 Mi objetivo disfrutar del camino.

Leire Pérez Guede nació en Eibar (País Vasco) en 1980. Desde pequeña ha sido una persona inquieta y creativa aunque ella no lo sabía. Estudió Proyectos y Dirección de Obras de Interior en Vitoria. Tras un año trabajando en el sector lo dejó todo para mudarse a Barcelona donde estudiaría Modelismo Industrial en la Escola Massana. Al terminar sus estudios creó su propia empresa de diseño de producto Gauzak junto con Arkaitz Arco y Juan T. Carboneras donde trabaja actualmente. En ella se dedican a diseñar productos tan variados como mancuernas de gimnasio, mobiliario infantil, lámparas o grifos de cerveza.

La actitud inquieta le ha llevado a crear dos proyectos personales a parte de Gauzak como son Amorfossis, dónde deja volar su imaginación “sin miedos ni tapujos haciendo lo que le sale como vía de escape para que se expresen las tripas” y Planeta Leire (en construcción), dónde comparte su experiencia a través de la EM para “poder aportar su granito de arena” y ayudar a otras personas que puedan sentirse identificadas y quieran superar la enfermedad.